La contaminación electromagnética

LA CONTAMINACION ELECTROMAGNETICA


En el mundo de la tecnología, caracterizado por la presencia cotidiana de innumerables aparatos que transmiten toda clase de radiaciones electromagnéticas perjudiciales para la salud, algo tan simple como un generador de orgón neutraliza sus efectos.

Por regla general, se habla muy poco de la contaminación electromagnética, sin embargo, está ahí y cada día afecta a más personas. Como resultado de numerosas investigaciones, entre ellas las de AURORE (Asociación para el uso racional de las ondas electromagnéticas) y las de la OMS (Organización mundial de la salud) se han reconocido las perturbaciones y síntomas que se derivan del síndrome de las frecuencias y de las hiperfrecuencias.

La contaminación electromagnética, al igual que la radioactividad, tiene un gran inconveniente: no somos capaces de apreciarla a través de nuestros sentidos, ni siquiera cuando se trata de grandes cantidades, porque no se ve, no se huele, no se oye, no tiene sabor y es materialmente impalpable. Sin embargo, supone un importante peligro para nuestra salud.

Resultan igual de peligrosas las frecuencias bajas que las altas, las de gran intensidad y las de pequeña intensidad, las microondas y las hiperfrecuencias. Para quienes sufren sus efectos es recomendable indicarles el uso de generadores de orgón.

Distintos aparatos, tanto en el hogar como en la oficina pueden estar afectando la salud de quienes cotidianamente resultan expuestos a sus radiaciones electromagnéticas. La contaminación electromágnetica puedes proceder de muy diversas fuentes:

  • Antenas de telefonía móvil
  • Torres y líneas de alta tensión
  • Transformadores eléctricos
  • Instalaciones eléctricas defectuosas en la viviendas (sin tomas de tierra o con conducciones mal aisladas o sobresaturadas)
  • Antenas
  • Repetidores de TV
  • Despertadores eléctricos
  • Televisores y consolas de videojuegos.
  • Ordenadores
  • Microondas
  • Electrodomésticos y equipos motrices de trabajo.
  • Ventiladores, calefactores, aire acondicionado, etc.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que los campos electromagnéticos constituyen un factor cancerígeno del tipo 2B.

Cuando estamos en reposo somos más vulnerables a las radiaciones electromagnéticas (nuestro sistema inmunológico está desactivado), siendo de suma importancia reducir al mínimo las radiaciones electromagnéticas en nuestros lugares de trabajo y en el dormitorio. La radiación electromagnética atraviesa las paredes, por lo que el único resguardo es mantener una distancia adecuada.
Otro de los efectos perniciosos de la contaminación electromagnética es que inhibe la producción de la hormona melatonina, denominada hormona de la oscuridad, dado que sólo se produce durante la noche mientras dormimos. La melatonina es uno de los antioxidantes más poderosos que se conocen, y juega un papel fundamental en la prevención de numerosos cánceres. Los estudios realizados concluyen que las personas invidentes, al tener niveles más elevados de melatonina, tienen un riesgo menor de contraer cáncer.

La melatonina es más efectiva en la eliminación de los radicales libres que la vitamina E o el ácido ascórbico (vitamina C) de los que tanto se oye hablar. La disminución en la producción de melatonina puede producir a su vez el descenso de la serotonina, característico de la depresión. Otra de las funciones de la melatonina es protegernos contra el envejecimiento.

Según las recomendaciones de Salzburgo, las de mayor reconocimiento internacional, la máxima exposición admisible a la radiación electromagnética correspondería a 0,1 microwatios/cm2. Sin embargo, en España el límite se encuentra en 450 microwatios/cm2 (aunque en algunas comunidades autónomas como Cataluña, Castilla La Mancha o Navarra los límites son inferiores), superando 1.400 veces lo establecido en otros países de nuestro entorno.